La Presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández de Kirchner, encabezará este domingo, a las 14, el acto en el cual el Museo Histórico Nacional recibirá, luego de 48 años, el Sable Corvo de San Martín para exhibirlo al público.

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A través de un desfile patrio, que comenzará a las 11, se realizará el traslado del sable del Libertador desde el Regimiento de Granaderos a Caballos hasta el Museo, concretando así uno de las actividades más destacadas de la semana conmemorativa por la Revolución de Mayo.

En el trayecto, la cureña que trasladará el sable recorrerá la ciudad por las calles Luis María Campos, Int. Bullrich, Av. del Libertador, Av. Leandro Alem, Rivadavia, Bolivar, Yrigoyen, Paseo Colón, hasta llegar a Parque Lezama. En el medio del recorrido el desfile hará una parada en la Catedral Metropolitana donde descansan los restos del Libertador.  

El sable es el arma que acompañó a San Martín durante la Guerra de la Independencia y que legó a Juan Manuel de Rosas. Fueron sus descendientes los que decidieron donarlo al Estado Nacional, en 1897, bajo custodia del Museo Histórico Nacional.

Durante casi siete décadas el arma fue exhibida en una sala del Museo. Los agitados años 60 le devolvieron un protagonismo inesperado. Durante la proscripción del peronismo, el corvo fue apropiado en dos oportunidades por integrantes de la Resistencia Peronista. El objetivo de esas acciones era marcar la línea histórica que unía a San Martín, Rosas y Perón. El sable era el único objeto que permitía conectar a semejante trío. Pero fue recuperado en ambas ocasiones.

Fue el dictador Juan Carlos Onganía quien le quitó la custodia al Museo en 1967.

Hoy la espada de San Martín es traslada al Museo Histórico Nacional para ser apreciada por todo el público en una sala especialmente diseñada con modernas medidas de seguridad y conservación. El sable estará rodeado por las armas de Manuel Belgrano, Manuel Dorrego, Juan Manuel de Rosas y Guillermo Brown, entre otras. El espacio estará custodiado por el Regimiento de Granaderos a Caballo, en homenaje al prócer.

Como antesala, una sala contigua exhibirá boleadoras, armas de fuego y puñales, las armas anónimas del pueblo, de aquellos que lucharon por la libertad.   

Información adicional

San Martín, en su testamento fechado en París el 23 de enero de 1844, dispuso: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al general de la República Argentina Dn. Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

Más tarde, en 1862, Rosas legó la espada a su amigo y consuegro Juan Nepomuceno Terrero. En 1896, el primer director del Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza comienza las gestiones con la familia Terrero para que el sable sea donado al pueblo argentino. Y en 1897, lo logra.

Por decreto del 3 de marzo de 1897, firmado por el presidente Uriburu y refrendado por su ministro de Guerra y Marina, Guillermo Villanueva, se dispuso que el sable se despositara en el Museo Histórico Nacional.

Un día después, el 4 de marzo de 1897, la caja conteniendo el sable corvo desembarcó en Buenos Aires después de haber partido desde el puerto de Southampton. El presidente Uriburu no concurrió al puerto para recibirlo ni tampoco lo hizo el máximo jefe del Ejército, en una actitud que se interpretó como un desagrado por el origen de quienes habían hecho la donación: los descendientes de Juan Manuel de Rosas.

Durante 66 años el sable del general San Martín permaneció expuesto en el Museo Histórico Nacional, lugar elegido además por su nieta, Mercedes Balcarce para donar el mobiliario del cuarto en el que falleció el Libertador que aún se conserva.

En 1963, la Juventud Peronista, liderada por Calos Caride, Envar El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina, decidió sustraer el sable de San Martín para protestar por las elecciones realizadas ese año con el peronismo proscripto y reclamar por el regreso del general Juan D. Perón, la devolución del cadáver de Evita, la ruptura con el F.M.I., el castigo a los fusiladores de 1956 y la libertad a los presos del Plan CONINTES de Arturo Frondizi.

El 12 de agosto de 1963, un grupo integrado por Osvaldo Agosto, Manuel Félix Gallardo, Alcides Bonaldi y Luis Sansoulet sustrajo el sable del Museo Histórico Nacional. Poco después, Aníbal Demarco a quien Agosto le había entregado el arma para que la ocultara, se reunió con el capitán Adolfo César Phillipeaux (militar peronista ligado al general Juan José Valle) y acordaron la devolución del sable para bajar la tensión y el acoso policial. Fue entregado al Regimiento Húsares de Pueyrredón, y el 17 de agosto de 1964, en virtud de un mandato judicial, se devolvió al Museo.

Y el 19 de agosto de 1965, cuatro miembros de la Juventud Peronista otra vez sustrajeron el sable del Museo Histórico Nacional. Permaneció escondido en un colchón en una guardería de muebles, hasta que el 4 de junio de 1966 fue devuelto al Ejército.

Por decreto, el 11 de noviembre de 1967 el dictador Juan Carlos Onganía dispuso transferir la guardia y custodia del sable al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín. El decreto argumentaba la medida “en que corresponde confiar el sable del Libertador al Regimiento de Granaderos, por ser la unidad que creara y que más íntimamente está ligada en el sentir popular a su vida gloriosa”.

Hoy, casi 50 años después, la espada de San Martín regresa al Museo para que junto a la de otros destacados patriotas de nuestra historia inspire a todos los argentinos.

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