El Centro INTI-Envases y Embalajes pone a prueba los más diversos productos para verificar que lleguen en óptimas condiciones a destino cuando son transportados por las rutas. Un viaje de 15 horas se lo puede simular en el laboratorio en solo tres, a través de un cálculo matemático.

Con el fin de preservar la integridad de una gran diversidad de productos, el Centro INTI-Envases y Embalajes realiza ensayos que permiten garantizar la protección ante daños a lo largo de su cadena de distribución. El equipamiento que posee el Instituto junto con el know-how de sus profesionales, convierten al Centro en un lugar de referencia para estas pruebas.

Uno de los dispositivos utilizados para los ensayos es el equipo de vibración, el cual consiste en una mesa colocada sobre un núcleo electromagnético que vibra en un rango de frecuencias entre 3 y 1000 Hz, utilizando patrones de movimientos en concordancia con diversas normativas.

Entre las normas utilizadas se encuentra la IRAM 6732, en la cual figuran tres rutas nacionales relevadas por personal del Centro, que representan distintos niveles de severidad: Buenos Aires - Rosario (exigencia baja), Buenos Aires - Mendoza (media) y Aimogasta - Iguazú (alta).

Emiliano Schiavon y Fernando Palas son dos de los profesionales que trabajan con estos ensayos y explicaron que la principal ventaja de estas pruebas radica en que, en vez de evaluar la resistencia de los productos embalados enviándolos de un lugar a otro, esto se puede hacer en el Instituto de forma más sencilla y económica. “Otra ventaja es que se reduce el tiempo de evaluación. Por ejemplo, un viaje de 15 horas se lo puede simular en el laboratorio en solo tres, a través de un cálculo matemático, en el que se aumenta el nivel de exigencia”, resaltó Schiavon.

Dependiendo de la normativa y las necesidades de cada empresa se evalúan diferentes aspectos. Según enumeró Palas, los productos estudiados son tan diversos como partes de satélites, electrodomésticos, autopartes, motos, bebidas y aceites. “Hay empresas que si hacen un cambio en la tapa de un envase, vienen al INTI a ensayarlo para comprobar la efectividad del cierre”, recordó.

Estos estudios muchas veces son necesarios para obtener permisos de exportación, amparándose en normas internacionales. Además, los profesionales del Instituto ofrecen asistencia técnica más allá de las pruebas, quedando en manos de los responsables de cada empresa tener en consideración dichas recomendaciones.

Seguridad frente al peligro

Hay ciertas sustancias cuya peligrosidad hace que los análisis sean particularmente exigentes. Agroquímicos, ácidos o sustancias radioactivas son sólo algunas de ellas, cuyo manipuleo y transporte requiere certificaciones especiales.

En este sentido, uno de los organismos que otorga las autorizaciones es la Prefectura Naval Argentina, que tiene un convenio con INTI para que éste sea el brazo técnico y laboratorio de referencia.

Palas ejemplificó: “Un ensayo de compatibilidad química consiste en colocar un producto con su correspondiente envase y condiciones de almacenamiento dentro de una cámara de alta temperatura entre 14 y 28 días; una vez finalizado este período, el sistema no debe evidenciar deterioro o daño alguno”.

El INTI incluso trabajó, junto a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), en el desarrollo de un embalaje para transportar soluciones acuosas de nitrato de uranilo, una sustancia fisionable cuyo alto grado de riesgo requirió de una gran cantidad de recursos y evaluaciones de seguridad.

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