El dinero que reciben nuestros abuelos es cada vez menos por la inflación.

Por Christian D Alessandro
@dr_dalessandro

Este 2018 será un año más para el olvido que para el recuerdo. Con una inflación acumulada que rondará el 45 por ciento más la quita por el “empalme”, producto del cambio en la fórmula previsional, los jubilados habrán perdido un poco más del 25% de su poder adquisitivo.

Con un aumento anual del 28,5%, el sueldo de nuestros adultos mayores cada vez rendirá menos. La canasta básica medida por la Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires para el mes de agosto arrojó un valor que supera los 21 mil pesos y se estima que la misma ascienda a unos 4 mil o 5 mil pesos más para diciembre próximo. En tres años dicha canasta trepó un 177%, mientras que los jubilados percibieron una recomposición de tan sólo 126 puntos. Esta realidad implica una notable disminución en la calidad de vida de quienes aportaron para hacer grande a nuestro país.

El balance marcará un antes y un después en la subsistencia de cada una de las familias argentinas. Las personas mayores habrán padecido también de la desregulación en los precios de los medicamentos los que, en tres años, aumentaron alrededor del 205 por ciento promedio.

El Atenolol, una droga que consume de manera permanente casi todo el colectivo de mayores y que sirve para el tratamiento de la hipertensión arterial, según el relevamiento de varias instituciones privadas aumentó en estos años más del 450% y la Levotiroxina, utilizada para el hipotiroidismo, se incrementó por encima del 394% en igual período.

Acceder a la comida también se constituyó en un lujo. Mientras que los jubilados de las zonas más acomodadas han tenido que recurrir a las segunda o terceras marcas, los de los barrios más vulnerables asisten cada vez más a comedores comunitarios y estiran la comida para que el plato fuerte sea entre el almuerzo y la cena.

Cuando la jubilación de los que menos ganan en el mes de septiembre del año 2015 era de 4.299 pesos, los adultos mayores igual compraban mucho más de lo que hoy adquieren con un ingreso mínimo de 8.637 pesos que llegará a 9.300 pesos en diciembre.

Los productos de primera necesidad como el aceite o la carne picada aumentaron entre un 461% y un 279% respectivamente, e ir al baño también se convirtió en una odisea. El papel higiénico subió más del 286% en los últimos tres años y el shampoo casi 335 puntos, si lo comparamos con la evolución de los haberes mínimos.

Pero esta triste realidad debe dejar una reflexión. Si no se constituye el derecho de un aumento de contingencia por la caída del poder de compra para todos los vulnerables, cada vez más empobrecidos estarán los sueldos de los que supieron conseguir las grandes conquistas sociales.

Si no tomamos conciencia de que a la vejez no le vamos a poder escapar y permitimos que a los mayores les falten el respeto y les quiten su dignidad, nuestro futuro se va a tornar tan oscuro que el amarillo que propiciaba el cambio, se convertirá en un negro que anticipe el luto.

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