Dirigentes que habían tomado distancia de la ex presidenta Cristina Fernández regresan bajo su ala para pedir una interna opositora que la incluya, aún a riesgo de que sea ella quien decida las candidaturas.

Por Gabriel Calisto
@GCalisto

Primero fue Hugo Moyano, que no tuvo el respaldo que esperaba de la CGT y encontró en Cristina una forma de mostrarle al gobierno que su ruptura era definitiva. Después llegó Felipe Solá, que rompió con el massismo porque no sentía que su bloque fuese lo suficientemente opositor en la Cámara de Diputados y tampoco le parece que la construcción del 2019 pueda hacerse sin el kirchnerismo.

Siguieron reencuentros aún más sorpresivos, como el del "Chino" Navarro y el Movimiento Evita.

Todos estaban decididos a comienzos del 2016 (incluso antes) a generar una nueva construcción que pudiese desplazar a la ex presidenta del rol de líder de la oposición. El Evita apostó el año pasado a la candidatura de Florencio Randazzo; Solá fue uno de los pilares de Sergio Massa. Todos volvieron a reunirse en las últimas semanas con Cristina y a pedir una gran interna opositora que la incluya. En lenguaje llano, están pidiendo que el resto acepte volver bajo el mando de la patagónica.

No los une el amor. No hubo ningún gesto particular desde Unidad Ciudadana que los llevara a reconsiderar sus posturas. Tampoco se terminaron las sospechas de corrupción. Ni el temor a que, una vez más, las decisiones sobre las candidaturas y listas las tome Cristina en soledad, sin tener en cuenta a ninguno de sus aliados.

Los une el espanto. Todos coinciden en un punto: "Peor es Macri". La crisis económica golpea a toda la sociedad, y la falta de diálogo y respuestas del gobierno de Cambiemos los decidió a buscar cualquier alternativa, incluso la que menos quieren, para no aceptar otro mandato del oficialismo actual. No es muy distinto a cómo se formó Cambiemos.

Las movidas de las últimas semanas en la oposición tuvieron también eco en el PJ. Allí, José Luis Gioja pudo mostrar en una misma mesa a Moyano junto a Héctor Daer, triunviro de la CGT que el camionero abandonó y critica abiertamente. También estuvo Antonio Caló, con juego propio. Entre los políticos estaban Solá, Daniel Scioli y Agustín Rossi. Una mesa variada, que va sumando volumen y sueña con volver a ser un factor de poder.

Lo que marcan también los giros políticos es que el peronismo federal, que se lanzó con una foto pero sin tener un programa definido, tendrá nuevas y serias dificultades para crecer.

Mientras tanto, el oficialismo se alista para un 2019 que será duro en lo económico, pero apuestan todas sus fichas a mantener la cohesión y a hacer gigante la grieta una vez más. De ahí que el ensanche del kirchnerismo no genere alarmas en Cambiemos. Incluso, para hombres como Durán Barba, una foto de Cristina con Moyano, Solá y Pérsico puede ser celebrada.

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