Por Fernando Costoya 

tecno@cronica.com.ar 

La innovación tecnológica, la obsolescencia programada, nuevas versiones de smartphones, televisores, computadoras, tablets, cada año. Todo confluye para que desechemos los productos electrónicos en plazos cada vez más cortos. De acuerdo con un relevamiento de la Universidad de Naciones Unidas (UNU) se generan casi 42 millones de toneladas de basura electrónica a nivel global.

Mientras ayer se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente, el problema demanda soluciones urgentes por parte de las autoridades. El crecimiento de la basura electrónica es sideral. En apenas cinco años, la cantidad de basura electrónica generada a nivel global pasó de 33,8 millones de toneladas a 41,8 millones.

Mientras que el promedio de desechos electrónicos por habitante pasó de 5 a 5,9 kilogramos, siempre según el informe de Naciones Unidas. A nivel regional, Argentina se encuentra en tercer lugar, detrás de Brasil y México, con 300.000 toneladas, lo que da un promedio de 7 kilos al año por habitante.

En tanto, el panorama para el año próximo no es más alentador. Se calcula que en 2018 el mundo generará unas 50 millones de toneladas de residuos electrónicos.


Sin regulación


"La basura que produce un argentino es la mitad que la de España o un tercio frente a la de los Estados Unidos, pero el país aún no cuenta con normativas ni con un mercado de alcance nacional para el recupero, reciclaje o disposición final de esta corriente de residuos", sostiene Gustavo Fernández Potomastro, biólogo de la Universidad de Buenos Aires.

Mientras a nivel nacional no existe una ley de gestión de basura, en la ciudad de Buenos Aires rige la ley 1854 de Basura Cero, sancionada en 2004. La misma apuntaba a la reducción de la generación de residuos, la recuperación y el reciclado, así como también la disminución de la toxicidad de la basura y la asunción de la responsabilidad del fabricante sobre sus productos.

Para Soledad Sede, coordinadora del proyecto Basura Cero y parte del equipo de Campañas de Greenpeace, "hay que conseguir el cumplimiento total de la ley de Basura Cero y su ampliación para incluir basura electrónica".


Una solución


En este contexto, un camino a recorrer es promovido desde la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), cuyo programa de reutilización tecnológica y concientización ambiental E-Basura quedó recientemente seleccionado para la nominación al Premio Unesco-Japón en Educación para el Desarrollo Sostenible 2017.

La iniciativa de la Facultad de Informática articula acciones, mecanismos y procedimientos que permitan la recuperación del equipamiento informático en desuso y su reacondicionamiento, para luego utilizarlo con fines sociales.

"Con este programa buscamos achicar la brecha digital, contribuir con el medio ambiente y concientizar al respecto", afirmó la directora de E-Basura, Viviana Ambrosi.