Un hombre de 68 años identificado como Sydney Allan Markland fue detenido acusado de haber violado a una niña de 8 años en el Condado de Marion, en el centro de Florida, Estados Unidos.

Markland, cuyo apodo es Dread -surgido de su cultura rastafari- fue puesto a disposición de la Justicia luego de que las pruebas de ADN dieran resultado positivo.

El hecho ocurrió cuando Dread quería entrar un objeto dentro de su vivienda y le pidió ayuda a la menor que pasaba por la calle. La niña accedió a ayudar a Markland, quien le mostró que estaba herido. Pero una vez en la propiedad, la sometió sexualmente y le dijo que no le contara a nadie lo que había ocurrido: la víctima vive en el mismo barrio que Dread. Luego, le dio un beso en la mejilla y se puso a leer la Biblia, según relató la nena. 

Los investigadores, que creen que no fue la primera vez que este hombre abusa de una menor, encontraron restos de ADN del violador de la ropa de la chica, lo que provocó su inmediata detención. Y en ese momento se conoció el insólito argumento que dio el violador para justificarse: dijo que “la niña entró a su casa con ropa provocativa” y que por esa acción se entendía que “estaba consintiendo el contacto sexual”.

Pero si esa argumentación de Markland había sorprendido a los investigadores, mucho más llamó la atención cuando insistió en que, de acuerdo con su cultura rastafari, ese tipo de acciones de los hombres son aceptables, por lo que pedía ser eximido de la culpa. Consultado el hermano de Markland acerca de si es efectivamente de ese modo la cultura rastafari, contestó que no y defendió a su hermano diciendo que “es una buena persona” y que “le enseña a la gente a leer la Biblia y gestos de ese estilo”. “No sé por qué haría algo así”, agregó.

Obviamente que la Justicia no tomará en cuenta las explicaciones del hombre y ratificó sobre él los cargos de “asalto sexual en una víctima menor a 12 años, actos lascivos, crímenes contra una persona y seducir a una menor de 12 años”. Y por eso no podrá pagar una fianza para ser liberado y deberá aguardar el juicio en la Prisión de Marion.

Los detectives pidieron a la población datos sobre el historial del violador y quieren saber si existe alguna otra víctima. Fue la misma chica la que denunció el hecho, ya que al regresar a su casa le contó a su papá.

Además, un vecino observó que la niña salió corriendo de la casa del violador, “llorando y con los pantalones bajos”, aunque admitió que no tomó intervención porque “estaba asustado: Markland siempre tenía armas y yo no quería subir allí”, dijo.