Por Gabriel Calisto
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Con aplausos y al ritmo de la marcha peronista, un nutrido grupo de dirigentes políticos despidió al ex vicegobernador bonaerense Alberto Balestrini, quien falleció en la mañana del martes.

El cortejo arribó al cementerio de San Justo pasado el mediodía, encabezado por sus familiares. Hubo una breve oración por parte de un sacerdote local, antes de depositar sus restos en el nicho familiar.

Minutos antes habían llegado al lugar el ex intendente de La Matanza Fernando Espinoza y una comitiva que reunió a numerosos dirigentes políticos. Por un rato, la grieta política quedó de lado. El ex ministro de Seguridad bonaerense Alejandro Granados, hoy cercano al oficialismo, dialogaba con el vicepresidente del PJ, Daniel Scioli, que llegó acompañado por su ex jefe de gabinete Alberto Pérez. Cerca de ellos estaba Felipe Solá, hoy diputado nacional por el Frente Renovador, pero que comandó la provincia de Buenos Aires cuando Balestrini era jefe comunal del distrito más poblado del país. Entre los representantes del grupo Fénix aparecía también Fernando Gray, integrante de los Esmeralda.

Visiblemente emocionado, Espinoza (hoy presidente del PJ provincial) aguardaba a un lado el paso de los minutos. La actual intendenta, Verónica Magario, asumió el rol de anfitriona.

Fue ella quien acomodó, pasando la valla que limitaba el acceso para periodistas y seguidores del ex presidente de la Cámara de Diputados, a los invitados. Desde Lorenzo Pepe hasta ex intendentes como Hugo Curto, y legisladores nacionales y provinciales como el camporista Wado De Pedro.

El gobernador tucumano Juan Manzur, que dio sus primeros pasos en la política grande como secretario de Salud del distrito que dirigía Balestrini, lo recordó en diálogo con Crónica como "un gran ser humano, un jefe que supo ser muy amigo, uno de esos referentes del peronismo que ya no se consiguen. Era un hombre del consenso, de cuidar siempre a los más vulnerables, que nunca traicionó sus convicciones".

Mientras Solá destacaba "la cantidad de veces que Alberto me despertaba para pedirme asistencia para el municipio", y agregaba que "algunas veces, también yo lo desperté a él", otros conversaban sobre el Balestrini íntimo. La obsesión por conseguir un cigarrillo, los latiguillos de su discurso y las anécdotas corrían por cada grupo.

"Alberto defendió a su gente en las peores épocas, y yo acompañaba desde el área social. Fue un peronista de aquellos, que quedan pocos, y trabajó siempre por su pueblo. Es triste su partida, pero acá estamos para seguir su tarea, tanto Fernando como yo y los matanceros", cerró Magario.