La joven adquirió el hábito como forma de soportar el bullying que le hacían en la escuela. Debió someterse a varias operaciones y corre el riesgo de que le amputen un dedo.

Courtney Whithorn, oriunda de Brisbane, Queensland, Australia, se enfermó con cáncer por algo que hacen muchas personas en el mundo: comerse las uñas.

Su hábito empezó al sufrir acoso escolar cuando tenía 14 años. A los 20, el pulgar de su mano derecha comenzó a ponerse negro, por lo que acudió a un médico.

La mala noticia llegó cuando el análisis de la uña que el médico le extirpó arrojó que había desarrollado un melanoma subungueal lentiginoso acral, un extraño tipo de cáncer.
 

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